El auge incesante de los fármacos biológicos y biosimilares aumenta el nivel de exigencia en el rendimiento de los envases primarios y la efectividad de las operaciones de llenado y acabado debido a sus complejas propiedades.
Gestionar estos productos, que habitualmente tienen un valor muy elevado, supone abordar los riesgos de rotura del envase y de contaminación por partículas, que es un área que cada vez preocupa más a los organismos reguladores, tal y como se describe en la introducción del Anexo 1 de las Normas de Correcta Fabricación (NCF o GMP por sus siglas en inglés) para la fabricación de medicamentos estériles. Ante esta situación, que cada vez es más apremiante, los envases listos para usar (o RTU) están registrando una mayor demanda.
Como se suministran prelavados, ya siliconados (en caso necesario) y preesterilizados, estos productos pueden integrarse directamente en las líneas asépticas de llenado y acabado; de esta manera, se evita tener que llevar a cabo varios procedimientos de preparación, como el lavado, el secado y la despirogenación.